18 junio, 2011

Conclusión

Como conclusión podemos decir que en la literatura, la cautiva emerge como un personaje de frontera, cruce de dos culturas que asimila ambas, a la vez continuando con su transmisión. El personaje que se inició en el poema “La Cautiva” de la mano del autor Esteban Echeverría como un personaje romántico, “civilizado”, que repudia por completo la barbarie simbolizada por el indio, irá mutando.

Con la entrada en la modernidad la cautiva se irá convirtiendo en un personaje fuerte que abrazará la vida de las tolderías y con ella, el amor. Tanto en los textos de Borges como de Leopoldo Brizuela,  vemos que el ingreso en este nuevo mundo primitivo, será para la cautiva también el conectarse con sus instintos más primarios, aquellos que se reprimían en la vida en sociedad del SXIX. Es también conectarse con el otro, que representa todo lo nuevo, todo lo distinto y ajeno a su realidad y que abrirá también las puertas al surgimiento de una mujer post cautiverio. El hallazgo de este nuevo mundo lleva a la cautiva a explorar lo inexplorado. Así lo muestra Borges en uno de los últimos párrafos de El Guerrero y La Cautiva:

Como en un sueño, pasó la india a caballo. Se tiró al suelo y bebió la sangre caliente. No sé si lo hizo porque ya no podía obrar tic otro modo, o como un desafío y un signo.

También Brizuela dará muestras de esta metamorfosis. En su libro, “El Placer de la Cautiva”, la protagonista contra todo pronóstico en aquella persecución cautelosa por el desierto vivirá su despertar como mujer y terminará persiguiendo a aquel indio.

En las obras de Florencia Bonelli y Cristina Bajo ocurre un despertar similar. En el caso de “Indias Blancas”, Laura arriesga su vida en la civilización por el indio Nahueltruz Guor. Así lo habrá hecho también su tía Blanca Montes por el cacique Mariano Rosas, a quien comienza odiando y terminando amando para regresar a las tolderías. Es este un caso especial, ya que en el caso de Laura y Nahueltruz no es la mujer quien opta por abrazar la vida de la toldería sino que es el indio quien ingresa en la civilización en pos de la mujer. Es el conflicto del abandono de las raíces, el contraste entre la civilización y la barbarie, y también el desmembramiento de ese hombre en dos, originariamente Nahueltruz se convertirá luego en Lorenzo.

En el caso de Cristina Bajo en su novela “Como vivido cien veces”, Luz también vive su despertar al mundo femenino de la mano del enamoramiento del indio Emanuel. A él le dará un hijo que finalmente nacerá muerto al momento en que ella contemplará la muerte de ese indio, personificación del primer amor. Contra todo pronóstico y pasados años desde ese suceso, Luz reconstruirá su vida al lado de Harrison. Su casamiento con “un gringo” en contraste con el primer amor hacia un representante de los pueblos originarios, muestra también la relación con el otro, con aquel que es ajeno, que es “extranjero” a lo conocido.

De fondo, tendremos el paisaje de la Patagonia como predilecto de todos estos autores para dar rienda suelta al imaginario estético. El vacío de la Patagonia, al contrario de la creencia que culpaba a este vacío de todos los males Argentinos, se convierte en el terreno de lo posible y en el camino para recuperar lo que alguna vez fue nuestro.

18 junio, 2011

La resistencia silenciosa

En este mundo, de un lado se hace presente la civilización del hombre europeo que descendió del barco y conquistó el nuevo mundo del otro, la barbarie del indio que desconoce la tradición del otro tanto como el otro desconoce la suya.

En este mundo preponderantemente masculino, la voz de la mujer de frontera aparece silenciada. Es de este mundo cristiano, para nada idílico ni complaciente con la condición femenina, de donde provienen las cautivas que son incorporadas a la sociedad indígena. Pasan de una comunidad a la otra en ocasiones sin cambiar, precisamente, de penurias. Son incorporadas a una nueva vida donde se cruzan lenguas, se cruzan sociolectos, se cruzan culturas que logran convivir, a veces violentamente, otras en armonías, siempre influyendo unas sobre las otras.

Y es en esos cruces donde aparecen las historias de mujeres blancas que eligen quedarse con los indios y reniegan de su sociedad, sin por eso dejar de lado la cultura de origen que transmiten a su descendencia mestiza. La mujer blanca cautiva habría sido capaz de crear ciertos mecanismos de resistencia cultural y, en ocasiones, hasta de jugar un rol preponderante en esa nueva sociedad de acogida, a la que no había llegado por propia determinación. Habrían incluso conquistado un status superior al que ostentaban en su lugar de preponderancia, ya que en muchas ocasiones su compañero tenía status de jefe, lo cual las colocaba en una situación de privilegio que nunca antes habían gozado y que perderían definitivamente si retornaban.

La evidencia recogida durante la campaña del gobernador Juan Manuel de Rosas, evidencia que las cautivas mujeres doblaban en número a los varones cautivos. Posiblemente este hecho no sólo obedecía a que los indios apresaran a más mujeres sino al hecho de que a ellas las conservaban mientras que muchos de los hombres capturados eran sacrificados.

Así es como la cautiva se convierte en sincretismo de dos culturas. Cuando los soldados de Rosas toman contacto con estos cautivos rescatados notan que la mayoría de los hombres no hablan más que la lengua indígena de la tribu que los acogiera, habiendo olvidado totalmente la propia, mientras que las mujeres conservaban la lengua española tanto como la fe cristiana.

El hecho de conservar la lengua y de transmitirla a las pequeñas nuevas cautivas incorporadas a las tolderías, que pasarían sin duda la mayor parte de sus vidas entre los indios, evidencia un alto grado de conciencia lingüística y un deseo de preservación de la propia cultura. Todo lo cual no obstaculizó el lento proceso de asimilación a la cultura aborigen, con la que ostensiblemente se identificaban en gran parte.

Puesta en esta situación, la mujer del siglo XIX fue capaz de elaborar una estrategia de supervivencia que le permitió, no solo asimilarse a la nueva cultura, sino aportar la que ya traía, alimentando un sincretismo lento y persistente que se mantendría a través del tiempo.

18 junio, 2011

Los pueblos silenciados

Crónica de una documentalista silenciada

Después de pasar casi dos años en la cárcel, la cineasta chilena Elena Varela ahora pelea por distribuir su filme “Newen Mapuche”, sobre el abuso policial del que son víctima las comunidades indígenas del sur de su país.

Nota publicada el 15/05/2011 en Revista Ñ, escrita por POR CAROLINA ROJAS

NEWEN MAPUCHE. Elena Varela pelea para distribuir su película en Chile.

NEWEN MAPUCHE. Elena Varela pelea para distribuir su película en Chile

Elena lleva una piedra atada al cuello, un amuleto que parece tallado en el paleolítico, un regalo que agradece. “Es la fuerza de la Patagonia”, dice antes de sentarse a la mesa y ordenar una ensalada. Ese colgante, es algo más que un trozo del cerro Mackay, ubicado en la ciudad de Coyhaique al sur de Chile. Se la obsequiaron los patagones. La gente de esa tierra que pocos santiaguinos conocen, y que será invadida por las represas del polémico proyecto Hidroaysén (se aprobó la semana pasada). Ella adhiere a su causa, porque dice que de los mapuches, la otra etnia que ama, aprendió a adorar la tierra y a sacar fuerzas de ella.

Hoy, nuevamente saca fuerzas de flaqueza para andar ese camino pedregoso que no termina. Hace cinco años comenzó a rodar su documental “Newen Mapuche” y hoy quiere que se distribuya y publicite. Correr el velo al conflicto mapuche y sortear ese cerco informativo del que no se salva ni la prensa chilena, ha sido una de las cosas más difíciles que le ha tocado vivir. Su alivio, viene de quienes han visto su cinta, saben del abuso policial que relatan los integrantes de la Coordinadora Arauco Malleco (CAM), de los Lonkos (máxima autoridad mapuche) acusados de terroristas, de las ancianas violentadas y niños traumatizados, que dibujan militares dentro de sus casas.

Newen Mapuche significa la fuerza de la gente de la tierra en la lengua mapudungún, y también es el título que la cineasta eligió cuando su proyecto ganó un fondo de la Corporación de Fomento (Corfo) hace cinco años. Primero quería documentar la música mapuche, pero siguió con las comunidades y el movimiento mapuche. Lo que sigue es una historia que algunos ya conocen. La detuvieron sorpresivamente, fue acusada de pertenecer al Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) y de Asociación ilícita en el marco de la Ley antiterrorista. Gran parte del material que tenía fue requisado y nunca más lo recuperó.

Varela estuvo casi dos años en prisión hasta que en abril del 2010, el tribunal de Villarrica desestimó los argumentos esgrimidos por parte de la Fiscalía absolviéndola de todo cargo.

Pero cuando todo parecía terminar bien, comenzó la segunda parte de esta verdadera epopeya. La semana pasada se hizo pública la información sobre la negativa de la Corfo, a través de su programa de Fomento al cine y a la industria audiovisual, para entregarle recursos que permitan la distribución nacional e internacional de Newen Mapuche. Pese a obtener una alta calificación por parte del comité evaluador de cine del organismo, al documental se le bajó el pulgar por el daño que podría causar a la imagen país.

Según el informe de transparencia al que accedió Varela, este es el único caso en que se rechaza la entrega de recursos tras obtener aprobación positiva (6 en una máxima de 7) La Asociación de Documentalistas de Chile (ADOC) definió el hecho como censura. La agrupación no está de acuerdo con la argumentación de Corfo en uno de los puntos. “Carece de potencialidad como difusor de la imagen país. La evaluación que otorga el Comité de Asignación de Fondos CAF (…) ‘El nivel de apoyo a la imagen del país en el exterior’ es bajo, por considerar que el contenido no favorece el desarrollo productivo de una Región como la Araucanía, presentándola como una zona de conflictos más que de oportunidades y generando externalidades negativas para la misma”.

Ignacio Agüero, documentalista chileno, miembro de ADOC, comenta que este hecho se explica como una censura política en la línea del acoso que ha sufrido Elena por parte de todas las instituciones gubernamentales, acciones que comenzaron durante el gobierno de Michelle Bachelet y que parecen no darle tregua. “¿Qué se censura?, La posibilidad de entender que el pueblo mapuche tiene un camino contradictorio con el uso de la propiedad de sus tierras que hoy está en manos de grandes compañías forestales y eléctricas”, dice.

De esta guerra, a Elena le quedan los malos recuerdos. Tras la acción policial, su detención y los interrogatorios pensó que no volvería a ver a su hija, aunque confiesa que siempre conservó la convicción de que saldría en libertad. “Los católicos lo pueden llamar ángel guardián, los mapuches weichafe… En todo momento, una voz, me dijo que todo saldría bien”.

Elena, ¿le envió una carta al ministro de Cultura Luciano Cruz Coke? ¿Qué medidas van a tomar si no hay respuesta?

Hoy me tienen que contestar y fui a dejar otra carta a la Corfo para que me respondan el pedido de reposición que envié tras la negativa de los recursos para la distribución. Lo considero una censura, si la próxima respuesta es una negativa, podríamos cambiar de estrategia con alguna movilización.

¿De todo lo que pasó hace cuatro qué recuerdos le quedan?

Me dolió mucho la violación a los derechos humanos, la indiferencia, como la muerte de Alex Lemún, el joven comunero mapuche asesinado por un mayor de Carabineros, un caso en el que todavía no se hace justicia. Todo lo que he resistido en el encierro, en términos judiciales y la censura, son cercos que me pueden poner, pero que soporto porque aprendí de la resistencia de los mapuches, soy casi mapuche.

-Han pasado tres años ¿Qué recuerda del día de la detención?

Ese día estábamos filmando con el equipo de cine. Éramos cinco personas, la mayoría era gente de Santiago que contraté, entre ellos estaba el asistente de dirección, dos mapuches que trabajaban conmigo, un comunero que era cantante y un fotógrafo boliviano. Vi hombres armados en mi casa, todos de civil. Me metieron a un auto, me interrogaron y me dijeron que mi hija estaría muy mal sin mí. Me llevaron a la cárcel de Rancagua como una terrorista, esposada de pies y manos.

En abril de 2010 Elena salió en libertad y se dedicó a terminar el documental que fue exhibido seis meses después. Dice que Newen Mapuche merece ser vista en Chile y el extranjero y que otra vez librará una lucha en contra de la censura.

De todo el mapudungún (idioma mapuche) que acuñó, ¿qué palabra se quedó con usted?

Una que es muy hermosa, marichiweu, que quiere decir diez veces venceremos.

18 junio, 2011

Un movimiento cíclico en la historia

 

El cautiverio de blancos fue posterior al de los indios en los territorios americanos, ya que durante la conquista y colonización era considerado natural por los españoles apropiarse de los nativos, a quienes convertían en esclavos y alzarse con sus mujeres como botín de guerra.

Así, la figura del cautivo se torna cíclica. Los blancos toman cautiva a la mujer india, luego el indio a la mujer blanca. Las narraciones e imágenes de malones y cautivas se revistieron de un valor simbólico en tanto invertían la situación de conquista y robo, no era el hombre blanco quien despojaba al indio de sus tierras, su libertad y su vida, sino el indio quien robará al blanco su más preciada pertenencia, la mujer.

 

 

 

 

18 junio, 2011

La cautiva en la literatura

Cmap

14 junio, 2011

“La Cautiva” en la actualidad

El arte de revivir “La cautiva”

Domingo 02 de diciembre de 2001 | Publicado en edición impresa del diario “La Nación”
El arte de revivir "La cautiva"

El Brian compuesto por Gastón Pauls apela a todo para rescatar a su esposa y a su hijo.  / Gentileza Canal 7

“La cautiva”Basado en el poema homónimo de Esteban Echeverría. Adaptación y dirección: Israel Adrián Caetano. Producción general: Pablo Culell. Protagonizada por Paola Krum y Gastón Pauls. Elenco: Alejandra Rubio y actores oriundos de Pergamino. Una coproducción del Incaa y Canal 7 para el ciclo “Cuentos de película”. Emitido el jueves 29 de noviembre, a las 22, por Canal 7. Repite: martes 4, a las 22. 
Nuestra opinión: muy bueno.

Si el talento de Adrián Caetano hubiera estado en compañía de un mayor presupuesto, “La cautiva” no habría resultado otra cosa que una maravilla. Tal es la certeza que queda después de haber visto la versión del poema de Esteban Echeverría, dirigida por Adrián Caetano para el ciclo “Cuentos de película”, una coproducción del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales y Canal 7.

Caetano hace que “La cautiva” avance hasta la actualidad. Se escucha un fondo percusivo de tambores mientras las ruedas de dos autos levantan la polvareda de un camino de tierra en pleno campo. Los automóviles son los caballos del siglo XXI en los que se desplaza el malón, es decir, la banda de delincuentes que ha secuestrado a la cautiva (una magnífica Paola Krum) y a su hijo, malherido.

Cronista de su tiempo

Son las postrimerías de un robo. Los ladrones huyen con sus rehenes y toman por asalto una casa aislada en el campo. Brian (Gastón Pauls), en otro auto, los persigue para rescatar a su esposa y a su hijo. Pero en el enfrentamiento con los malhechores sólo encuentra la derrota y múltiples heridas de bala que lo dejarán moribundo. Ahora la familia íntegra está presa de los delincuentes.

La noche de borrachera y juerga de los indios de Echeverría se transforma en litros de tetra-brik en un festín epicúreo con el toque mediático del canal de cable Elgourmet.com. La madrugada y la cautiva, cuyo hijo ha muerto en sus brazos, encuentran a los criminales dormidos. Ella huye, sigilosa, roba un cuchillo y asesina a un delincuente para rescatar a su marido. Ya no es madre, ahora sólo es mujer. Y más que nada, un ser reducido a luchar para sobrevivir. Sólo después de que el matrimonio ha huido llegan los policías. Son como los soldados que atacaron la toldería, pero con una diferencia. Aquellas tropas asesinaron sin piedad a los indios, a sus mujeres y a sus hijos, pero al menos rescataron a los rehenes, mientras que las fuerzas policiales en el cuento de Caetano convierten su faena en una masacre que no saltea a la dueña de casa y su hijo, ambos víctimas inocentes. En tanto, María deambulará por el campo con Brian a cuestas, sin esperanzas, sin final feliz.

De la misma forma en que Esteban Echeverría pintó la violencia social de su tiempo, Adrián Caetano se encargó de hacer lo propio con el suyo sin dejar de respetar, a la vez, el espíritu del poema original, donde los protagonistas son víctimas (también victimarios) de un tiempo virulento donde todos pelean por “lo propio”.

Antes eran los “huincas” usurpando tierras, los indios asaltando pueblos y soldados arrasando tolderías. Hoy, se trata de la inseguridad: marginales que van por un botín que toman “por derecho” (“¿Para qué se quedaron con lo que es nuestro?”, le recrimina uno de los delincuentes a la cautiva) y una policía de dudoso desempeño.

La forma de contar

Aun ante una realización que deja tras de sí la huella de cierto apuro, se percibe el arte de Adrián Caetano para traducir sentimientos y relaciones humanas en pura imagen. No queda el espectador insensible frente a un primer plano de los rostros de María y Brian, superpuestos, sedientos, con las lenguas extendidas en busca de las gotas mínimas que caen, espaciadas, de un lugar incierto, dentro de un establo. Los dos van por el agua, uno moribundo, la otra ya casi sin alma y aun en ese instante de sed no hay sino amor.

Y todavía más. Caetano cuenta su historia con la cámara, a veces por delante, a veces desde atrás. Por delante, cuando el lente quieto, como ausente, no quiere ser una mirada indiscreta. Desde detrás, cuando la cámara respira, con un leve movimiento interno de sube y baja, como agitado testigo de una escena bestial.

Sólo podría reprochársele al director la composición de una de las últimas escenas, con María y Brian en un arroyo, ella sentada, él apoyado en su regazo, muriendo, con los brazos extendidos, el cuerpo como una cruz. Poco creativa, excesiva, a mitad de camino entre “La piedad”, de Miguel Angel, y una expresión kitsch, resultó ese cuadro que vino a empañar, sobre el final, una factura humilde pero de gran dignidad artística.

Por último, fuera de los parámetros de esta crítica, queda el pésimo texto de presentación del ciclo -dicho por Víctor Laplace-, cargado de giros de tono burocrático (“cabe agregar”) y donde, además, se cometió el error de hablar de Braian en lugar de Brian, tal el nombre (sin pronunciación inglesa) que concibió Echeverría para el personaje de su obra.

14 junio, 2011

Ema

“Aprendió el detalle más característico del mundo indígena, que era el contacto indisoluble y perenne de etiqueta y licencia. Etiqueta del tiempo, licencia de la eternidad […] despreciaban el trabajo porque podía conducir a un resultado. Su política era una colección de imágenes. Se sabían humanos, pero extrañamente. El individuo nunca era humano: el arte se lo impedía.”

“Ema, la cautiva”, César Aira

14 junio, 2011

El nuevo malón

"La vuelta del malón" de Francisco Revelli

En “La vuelta del malón” de Francisco Revelli, la barbarie ha cambiado y sin embargo es la misma. Los nuevos bárbaros muestran al mismo tiempo una imagen del Che Guevara y la camiseta de Boca. Sus bárbaros vienen en malón enarbolando un arma superadora de aquellas temidas por Della Valle. Esta nueva arma es tal vez la más temible y definitiva. La cuestión es, los bárbaros de Revelli se ríen. Nos miran y se ríen.

14 junio, 2011

Florencia Bonelli en la feria del libro

13 junio, 2011

Las memorias de Blanca Monte

“Los indios se aproximaban a una velocidad impensable. Nunca olvidaré los alaridos que lanzaban que, en el desquicio, se me mezclaban con el traqueteo del coche, los comentarios vociferados del mayoral y del postillón, las indicaciones de Escalante y mis Padre nuestros y Ave marias rezados en voz cada vez más alta.

Escalante me tomó por el hombro y, sin decir palabra, me arrojó al piso de la volanta, a sus pies. Inmediatamente comenzaron los disparos, los de los trabucos y los de los revólveres.Yo había dejado de rezar y lloraba histéricamente. Lo que más me desasosegaba era el gesto de mi esposo, que, siempre seguro y altanero, ahora lucía medroso e impotente.

Los indios nos rodearon, y el mayoral detuvo la volanta tan abruptamente que Escalante terminó sobre mí. Enseguida se irguió para cargar las armas y reabrir el fuego. Yo cerraba los ojos y me apretaba los oídos; no quería ver, no quería escuchar, sólo quería despertar de esa pesadilla. En un momento debió resultarle evidente al general que estábamos perdidos, porque detuvo los disparos, me contempló desde arriba y me apuntó con el arma, dispuesto a matarme antes que saberme cautiva de los indios. Yo lo miré sin entender. Escalante descerrajó un tiro y un golpe seco me dejó a oscuras.”

“Indias Blancas”, Florencia Bonelli