María, la cautiva de Echeverría

La primera mención en la literatura argentina, y que hace Esteban Echeverría, de las cautivas es como botín del malón y se trata “todas” de “jóvenes” y “bellas”. En el marco del festín bárbaro y el malón sanguinario, las cautivas estan paradas dentro pero miran desde fuera, lo cual las ubica claramente como personajes de frontera: “Y asombradas las cautivas, la carnicería horrenda miran, y a Dios en silencio humildes preces elevan”.

Pero esa cautiva bella y piadosa, en contacto con el salvaje se torna en un cuerpo que también trasunta salvajismo y hasta la convierte en una vengadora mortal: por un lado, “sus largos cabellos flotan desgreñados, y denotan de su ánimo el batallar”-, por otro lado porta el puñal asesino con la sangre de su víctima.

El cuerpo de la cautiva comienza lentamente a sexuarse y adquiere un grado importante en relación al yaciente esposo: el encuentro entre Brian y María, de los dos cuerpos blancos es el que da paso al contacto corporal. Esto sella y sanciona la imposibilidad de otro tipo de contacto, de intercambio, de contaminación sexual, y esto se demuestra en la preocupación expresada por el moribundo y que se centra en que su mujer haya sido mancillada por un indio. La preservación del cuerpo femenino debe ser tal que en eso se va la vida misma: ó se inmola ó asesina.

Por lo tanto, en esta escena se prohíbe el regreso de la cautiva cuyo cuerpo ha sido penetrado por el indio. La única posibilidad de retorno a “la civilización” será virgen, lánguida, blanca e inmaculada, custodiada por los soldados de la patria. En ese regreso, están eliminadas las marcas del rapto: la ropa desgarrada, el cuerpo desnudo, el contacto con el otro. Aquello que se niega a describir la literatura de Echeverría se manifiesta en el arte de la época, por ejemplo en las obras de Rugendas.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

De ahí que las cautivas que Echeverría describe  derramando “lágrimas de regocijo” por ser rescatadas, tienen como contrapartida en la realidad extradiscursiva, a mujeres que intentan regresar con los indios luego de su rescate. Muchas de las cautivas liberadas por Rosas en las campañas de la década del 1830, no pudieron reestablecer los vínculos con sus familias y fueron puestas al cuidado de la Sociedad de Beneficiencia de Buenos Aires.

En “Una excursión a los indios ranqueles”, Mansilla retrata esta situación con complejidad y desde su discurso podemos comenzar a analizar el cuerpo cautivo también como aquel que se ha visto “cautivado”, en el sentido de atraído, seducido por aquella nueva cultura con la cual ha comenzado a dialogar.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: