Las memorias de Blanca Monte

“Los indios se aproximaban a una velocidad impensable. Nunca olvidaré los alaridos que lanzaban que, en el desquicio, se me mezclaban con el traqueteo del coche, los comentarios vociferados del mayoral y del postillón, las indicaciones de Escalante y mis Padre nuestros y Ave marias rezados en voz cada vez más alta.

Escalante me tomó por el hombro y, sin decir palabra, me arrojó al piso de la volanta, a sus pies. Inmediatamente comenzaron los disparos, los de los trabucos y los de los revólveres.Yo había dejado de rezar y lloraba histéricamente. Lo que más me desasosegaba era el gesto de mi esposo, que, siempre seguro y altanero, ahora lucía medroso e impotente.

Los indios nos rodearon, y el mayoral detuvo la volanta tan abruptamente que Escalante terminó sobre mí. Enseguida se irguió para cargar las armas y reabrir el fuego. Yo cerraba los ojos y me apretaba los oídos; no quería ver, no quería escuchar, sólo quería despertar de esa pesadilla. En un momento debió resultarle evidente al general que estábamos perdidos, porque detuvo los disparos, me contempló desde arriba y me apuntó con el arma, dispuesto a matarme antes que saberme cautiva de los indios. Yo lo miré sin entender. Escalante descerrajó un tiro y un golpe seco me dejó a oscuras.”

“Indias Blancas”, Florencia Bonelli

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