Conclusión

Como conclusión podemos decir que en la literatura, la cautiva emerge como un personaje de frontera, cruce de dos culturas que asimila ambas, a la vez continuando con su transmisión. El personaje que se inició en el poema “La Cautiva” de la mano del autor Esteban Echeverría como un personaje romántico, “civilizado”, que repudia por completo la barbarie simbolizada por el indio, irá mutando.

Con la entrada en la modernidad la cautiva se irá convirtiendo en un personaje fuerte que abrazará la vida de las tolderías y con ella, el amor. Tanto en los textos de Borges como de Leopoldo Brizuela,  vemos que el ingreso en este nuevo mundo primitivo, será para la cautiva también el conectarse con sus instintos más primarios, aquellos que se reprimían en la vida en sociedad del SXIX. Es también conectarse con el otro, que representa todo lo nuevo, todo lo distinto y ajeno a su realidad y que abrirá también las puertas al surgimiento de una mujer post cautiverio. El hallazgo de este nuevo mundo lleva a la cautiva a explorar lo inexplorado. Así lo muestra Borges en uno de los últimos párrafos de El Guerrero y La Cautiva:

Como en un sueño, pasó la india a caballo. Se tiró al suelo y bebió la sangre caliente. No sé si lo hizo porque ya no podía obrar tic otro modo, o como un desafío y un signo.

También Brizuela dará muestras de esta metamorfosis. En su libro, “El Placer de la Cautiva”, la protagonista contra todo pronóstico en aquella persecución cautelosa por el desierto vivirá su despertar como mujer y terminará persiguiendo a aquel indio.

En las obras de Florencia Bonelli y Cristina Bajo ocurre un despertar similar. En el caso de “Indias Blancas”, Laura arriesga su vida en la civilización por el indio Nahueltruz Guor. Así lo habrá hecho también su tía Blanca Montes por el cacique Mariano Rosas, a quien comienza odiando y terminando amando para regresar a las tolderías. Es este un caso especial, ya que en el caso de Laura y Nahueltruz no es la mujer quien opta por abrazar la vida de la toldería sino que es el indio quien ingresa en la civilización en pos de la mujer. Es el conflicto del abandono de las raíces, el contraste entre la civilización y la barbarie, y también el desmembramiento de ese hombre en dos, originariamente Nahueltruz se convertirá luego en Lorenzo.

En el caso de Cristina Bajo en su novela “Como vivido cien veces”, Luz también vive su despertar al mundo femenino de la mano del enamoramiento del indio Emanuel. A él le dará un hijo que finalmente nacerá muerto al momento en que ella contemplará la muerte de ese indio, personificación del primer amor. Contra todo pronóstico y pasados años desde ese suceso, Luz reconstruirá su vida al lado de Harrison. Su casamiento con “un gringo” en contraste con el primer amor hacia un representante de los pueblos originarios, muestra también la relación con el otro, con aquel que es ajeno, que es “extranjero” a lo conocido.

De fondo, tendremos el paisaje de la Patagonia como predilecto de todos estos autores para dar rienda suelta al imaginario estético. El vacío de la Patagonia, al contrario de la creencia que culpaba a este vacío de todos los males Argentinos, se convierte en el terreno de lo posible y en el camino para recuperar lo que alguna vez fue nuestro.

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